Salir de la zona de comfort

Salir de la zona de comfort es, probablemente, lo más difícil que he hecho en mi vida. ¿Tú no?

Te pongo un ejemplo:

Imagínate en el sofá de tu casa tan a gusto viendo un programa de viajes siendo, tu sueño, viajar por el mundo. Obviamente por tu cabeza solo pasan pensamientos de envidia del tipo «ojalá yo estuviera allí», «quiero ir», «qué guay debe ser», etc. Vale, ahora imagínate que a raíz de esos pensamientos aparece un genio de la lámpara y te dice «venga, te concedo el deseo de irte, haz las maletas». Ya te digo yo que pese a que ahora puedas pensar «ojalá», si eso pasara te estallaría la cabeza. ¿Por qué? Porque estirado en el sofá deseando cosas se está muy cómodo, pero cuando ese deseo se te puede hacer realidad paniqueas y entonces los pensamientos pasan a ser del estilo «¿seguro que quiero eso?», «¿y si me espero un poco para ahorrar más?» «¿y si…?». En fin, las típicas excusas fruto del miedo que ya hablaremos en otro post jejeje.

Os cuento mi caso:

Una vez descubrí que la razón de no sentirme feliz era porque no estaba teniendo la vida que realmente quería sino que me estaba esforzando en quererla, tomé cartas en el asunto y decidí irme a viajar por el mundo. Eso sí, desde que tomé esa decisión hasta que me fui pasó prácticamente un año. ¿Por qué? Porque pese a no sentirme feliz, me sentía tranquila, y pasar a una vida de intranquilidad me daba miedo. Es decir, que estaba muy cómoda como estaba. Por suerte, un día se me iluminó la bombilla y paré y reflexioné (que de eso se trata esta sección) y me dije ¿qué coño haces? Te quieres ir a dar la vuelta al mundo y lo único que estás haciendo es el tonto. Le pides más responsabilidades a tu jefe cuando quieres dejar el trabajo, no paras de comprar cosas para decorar tu piso cuando en realidad vas a dejarlo, intentas empezar relacionas amorosas que ya de inicio huelen a fracaso…Así que en ese momento, un año después de descubrir que mi camino a la felicidad era salir a descubrir el mundo, le eché los ovarios necesarios y empecé a ejecutar aquello que llevaba un año hablando. Porque sí amigos, las palabras deben ir acompañadas de los hechos

Truco:

Si tus hechos no acompañan tus palabras, ES MOMENTO DE PARAR Y REFLEXIONAR. Y la mejor herramienta para empezar a reflexionar es PREGUNTAR. ¿Por qué? ¿Por qué no hago lo que digo? Y te repites esa misma pregunta hasta 5 veces. En la profundidad del quinto por qué, encontrarás la respuesta 🙂 De nada.

Te invito a descubrir si estás en una zona de comfort o si realmente estás siguiendo el camino que quieres. Si te encuentras en la primera situación, te invito a que te envalentones y empieces a tomar decisiones. ¿No sabes por dónde empezar? ¿No sabes lo que quieres? Tranqui amigui, escríbeme que lo solucionamos 😉

MUA

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